La censura a la que fue sometida la entrada de SS.MM. los Reyes al estadio de Mestalla parece propia de otras épocas de este país. Un hecho tan grave ha de tener consecuencias. Y normalmente es en forma de destitución. Ahora bien. Reflexionando sobre cómo actuaría yo en caso de ser el director de TVE, Javier Pons, llego a la conclusión que no hubiera destituido al jefe de deportes, Julián Reyes. La destitución era obligada ya que el día antes, sabiendo lo que iba a pasar, se dio la orden de emitir todo lo que sucediera en el campo. El director de deportes fue pues quien desobedeció una orden.
Pero Javier Pons actuó mal. Me explico: Justo después de la censura, porque no se puede llamar de otra manera, llamó a Valencia y no le explicaron qué había pasado. Inmediatamente emitió un comunicado atribuyendo lo sucedido a un error humano. Entonces cómo puede destituir al día siguiente al director de deportes. ¿No había sido un error? Si dices que así fue, o destituyes a esta persona inmediatamente o ya no lo haces al día siguiente, porque te estás contradiciendo. No ha sido consecuente.